Scalzo sulla terra brillante, poesie di Juan Carlos Mestre

Scalzo sulla terra brillante, poesie di Juan Carlos Mestre

 

 

Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957), vincitore nel 2017 del Premio Castilla y León, poeta e artista visuale, autore di vari libri di poesia e saggistica, come La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon (Edt. Calambur, 2011), Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis, 1985), La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 1992) e La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía, Hiperión, 1999). La sua opera poetica prodotta tra il 1982 e 2007 è stata raccolta nell’antologia Las estrellas para quien las trabaja (2007), La poesía no es una misa cantada (edición de Carlos Ordóñez, Lustra editores, Lima, 2013), La imagen de otro espacio (edición de Manuel Ramos Van Dick, Edc. Sarita Carbonera, Perú 2013). Con La casa roja (Calambur, 2008), ha ottenuto il Premio Nacional de Poesía 2009. Di recente pubblicazione La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) per cui ha ricevuto il Premio de la Crítica.
Ha collaborato e inciso dischi con noti musicisti come Amancio Prada, Luis Delgado, Cuco Pérez, José Zárate o Hugo Westerdahl con i quali ha realizzato concerti e letture in festival di varie nazioni come Spagna, Italia, Francia, Norvegia, Finlandia, Svezia, Irlanda, Belgio, Russia, Lituania, Portogallo, Grecia, Israele, Costa Rica, Jugoslavia, Bosnia-Herzegovina, Polonia, Regno Unito, Serbia, Ecuador, Cuba, Marocco, China, Argentina, Perù, Chile, Libano, Colombia, Honduras, Messico e Stati Uniti.
Ha realizzato antologie sull’opera poetica di Rafael Pérez Estrada, La palabra destino (2001), e La visión comunicable (2001) di Rosamel del Valle, oltre all’edizione commentata della novella di Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre (2004); è autore di El universo está en la noche (Casariego, 2006), libro di versioni su miti e leggende dell’America Latina, ha adattato e diretto per il Festival de Teatro Clásico de Almagro la versione radiofonica di El perro del Hortelano di Lope de Vega con gli attori di Radio Nacional de España.
Ha esposto le sue opere grafiche e pittoriche nelle gallerie di Spagna, Europa, Stati Uniti e America Latina. Nel 1999 ottiene una Menzione d’Onore al Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional e altri riconoscimenti alla VII Bienal Internacional de Grabado Caixanova 2002, al Premio Internacional de Arte Gráfico Atlante 2009 e al III Premio Internacional de Grabado Dinastía Vivanco nel 2010.
Dal suo dialogo con l’opera di altri artisti e poeti sono nati, tra gli altri, i libri Piedra de Alma, con José María Parreño (1994), Crónica de amor de una muchacha albina, con Rafael Pérez Estrada (1994), Emboscados, con Amancio Prada (1995), Bestiario apócrifo, con Álvaro Delgado (2000), Enea y los gatos, con Javier Fernández de Molina (2002), El Adepto, con Bruno Ceccobelli (2005), Arde la oscuridad, con Alfredo Erias (2007), Los sepulcros de Cronos, con lo scultore Evaristo Bellotti (2007), Cazador de lunas con Javier Pérez Wallias (2007) Extravío en la luz con Antonio Gamoneda (2008) e l’edizione francese di Le Bestiaire de Livermoore con Rafael Pérez Estrada (2013). Ha pubblicato il Cuaderno de Roma, versione grafica di La tumba de Keats (Monosabio, Málaga 2005), La mujer abstracta (El gato gris, 1997), con Ediciones El caracol libri d’arte come Adiós (2012) su un poema di Apollinaire, Las Fábricas (2012) con testo di André Breton y Philippe Soupault, Los Proverbios Modernizados (2013) di Paul Eluard y Benjamin Péret, e accompagnate dai suoi dischi plaquettes di Chantal Maillard, Esther Folgueral, Alexandra Domínguez, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, Nicanor Parra, Javier Bello, Diego Valverde Villena, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, José Luis Puerto o Jorge Riechmann.

In questo stesso numero di VR trovate un’intervista all’autore e una al suo traduttore Tomaso Pieragnolo.

     

Antepasados

Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,
al hambre le llamaron muralla del hambre,
a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza.
Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,
apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,
apenas atravesar el mar en una cruz de palo.
Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,
pero no pidieron audiencia, así que vagaron por los legajos
como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Y llegaron a los arenales,
en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,
la vida en los arenales sólo tiene largos días de lluvia y luego
largos días de viento.
Poco es lo que puede hacer un hombre que sólo ha tenido en la vida
estas cosas,
apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre
mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,
apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,
andar descalzo sobre la tierra brillante
y no enterrar en ella a sus hijos.
Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,
atravesaron el mar sobre una cruz de palo.
Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre
se llamara dueño de la casa del hambre
y vagaron por los caminos
como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad,
comer pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán
largos días de viento
y hablar de la necesidad,
hablar de la necesidad como se habla en las aldeas
de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver
con cuidado en un pañuelo.

    

Antenati

I miei antenati inventarono la Via Lattea,
diedero a quell’intemperie il nome della necessità,
chiamarono la fame muraglia della fame,
alla povertà posero il nome di tutto ciò che non è estraneo alla povertà.
Poco è ciò che può fare un uomo con il pensiero della fame,
appena disegnare un pesce nella polvere dei cammini,
appena attraversare il mare in una croce di legno.
I miei antenati attraversarono il mare sopra una croce di legno,
ma non chiesero udienza, cosicché vagarono per le pratiche
come i ricci e i coccodrilli vagano per i sentieri dei villaggi.
E giunsero agli arenili,
negli arenili la terra è brillante come squame di pesce,
la vita negli arenili ha solo lunghi giorni di pioggia e poi
lunghi giorni di vento.
Poco è ciò che può fare un uomo che solo ha avuto nella vita
queste cose,
appena restare addormito sdraiato nel pensiero della fame
mentre ode la conversazione dei passeri nel granaio,
appena seminare legna di fiore nel lenzuolo degli orti,
andare scalzo sulla terra brillante
e non sotterrare in essa i suoi figli.
I miei antenati inventarono la Via Lattea,
diedero a quell’intemperie il nome della necessità,
attraversarono il mare sopra una croce di legno.
Allora posero nome alla fame perché il padrone della fame
si chiamasse signore della casa della fame
e vagarono per i cammini
come i ricci e i coccodrilli vagano per i sentieri dei villaggi.
Poco è ciò che può fare un uomo con le briciole della pietà,
mangiare pane bagnato nei giorni di pioggia ai quali seguiranno
lunghi giorni di vento
e parlare della necessità,
parlare della necessità come si parla nei villaggi
di tutte le piccole cose che si possono avvolgere
con cautela in un fazzoletto.

*

Retrato de familia 

Ciego de Ávila, provincia de Camagüey, isla de Cuba.
Mi abuelo tocaba el clarinete
y tenía un cinturón con hebilla de oro.
Esto sucede en 1920, delante de una tela pintada
con palmeras y pájaros que habrían de ser multicolores.
En una calle de La Habana, recién llegado de Vigo,
Leonardo Mestre le compró a su novia una peineta de carey.
Están los dos, él lánguido de ojos y con un traje de lino,
ella, bajo la luz de los trópicos, es bella y me mira.
Han conocido el ancho cielo
y los grandes peces de los mares,
su juventud es dichosa
como la aventura que acaban de descubrir.
Entonces se han colocado para la fotografía
y con ella, como el que es alegre y vencido por el amor
entran en el hermoso sueño de la vida.
Ya nada pudo separarlos, sólo ellos saben
por qué fue aquel el instante preciso del milagro.
Yo podría continuar esta historia
pero no sé si en 1920 había chevrolets en Cuba.

Ritratto di famiglia

Ciego de Ávila, provincia di Camagüey, isola di Cuba.
Mio nonno suonava il clarinetto
e aveva una cintura con una fibbia d’oro.
Questo succede nel 1920, davanti a una tela dipinta
con palme e uccelli che avrebbero dovuto essere multicolori.
In una strada dell’Avana, appena giunto da Vigo,
Leonardo Mestre comprò alla sua fidanzata un pettinino di tartaruga.
Stanno i due, il languido d’occhi e con un vestito di lino,
lei, sotto la luce dei tropici, è bella e mi guarda.
Hanno conosciuto l’ampio cielo
e i grandi pesci dei mari,
la loro gioventù è fortunata
come l’avventura che stanno per scoprire.
Allora si misero in posa per la fotografia
e con essa, come chi è allegro e vinto dall’amore,
entrano nel fascinoso sogno della vita.
Ormai nulla poteva separarli, solo loro sanno
perché fu quello l’istante preciso del miracolo.
Potrei continuare questa storia
ma non so se nel 1920 c’erano Chevrolet a Cuba.

da Antifona dell’autunno nella valle del Bierzo

*

 

Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida,
violenta juventud contra el poder de un príncipe,
llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados.
Llama flor del frío a la tumba de los náufragos,
astrolabio muerto a la nieve de los locos.
Hornea un talco negro el hambre de la muerte,
la edad de los sentidos, el obstinado aliento
de la cansada luz de octubre en el baúl de abejas.
Brota sobre esta duna blanca la vehemente hierba de las islas,
la implacable hormiga en el blando bulbo de la boca helada.
Con guantes de forense sale la noche verde de su estuche
y la tempestad retumba por el otoño roto de las ánforas.
Tiene aquí mi corazón la edad del mundo,
el pez de piedra bajo el que los recién nacidos duermen.
Sufre el impaciente un reloj de sol bajo los párpados,
la aguja inmóvil como retina fría de los caballos muertos.
Mi vida es el temblor del consternado y el indigente ciego,
la constelación del triste en un festín de víctimas.
No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida,
la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta.
Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo el miedo
de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas.
No espero nada de los dioses, nada de la memorable epidemia de sus jueces.
Soy distinto ante el esclavo y el enano, soy el mismo suplicante y el eunuco.
Soy el transeúnte de la atmósfera, el anhelante oscuro del relámpago.
Oigo voces, oigo al temeroso y al anciano, sé que un caballo es un momento.
Oigo pasos, oigo el lastimoso trueno que al perenne huérfano perturba.
Tengo por amigo al penitente mar y al anticuado otoño,
amo la imperturbable soledad del hombre y la confidencia de los pájaros.
Llamo inalcanzable a la distancia que hay entre dos cuerpos,
alternativamente invado el país del fracaso y el suelo natal de la victoria.
Fui adolescente y me envenené con lumbre, fui déspota incansable
contra la vanidad que hastía la fiesta de los cuerpos.
No he llegado más lejos de mí mismo que una moneda del avaro está de otra,
considero estéril el invierno, considero el azul imprescindible.
Me ocupo con horror de los esfuerzos que hace cada día el sol por elogiar la tierra,
siento simpatía por el primitivo lúcido y por el débil infeliz metódico.
Prefiero la melancolía del cobarde a la furia invencible de los héroes,
prefiero el desamparo de los campos a la rígida ambición de los sepulcros.
Dios está cansado de escucharnos, están cansados los hombres y los perros,
la nostalgia es una canoa a la deriva por el río blanco de la muerte.

    

Questo succede davanti all’ora sinistra in cui la mia vita,
violenta gioventù contro il potere di un principe,
chiama branco di cani la verità e bellezza i ponti collassati.
Chiama fiore del freddo la tomba dei naufraghi,
astrolabio morto la neve dei pazzi.
Inforna un talco nero la fame della morte,
l’età dei sentimenti, l’alito ostinato
della stanca luce di ottobre nel baule delle api.
Sboccia sopra questa duna bianca la veemente erba delle isole,
l’implacabile formica nel blando bulbo della bocca gelata.
Con guanti di forense esce la notte verde dal suo astuccio
e la tempesta rimbomba nell’autunno rotto delle anfore.
Il mio cuore conserva le età del mondo,
il pesce di pietra sotto il quale i neonati dormono.
Soffre l’impaziente un orologio di sole sotto le palpebre,
la cruna immobile come retina fredda dei cavalli morti.
La mia vita è il tremore del costernato e dell’indigente cieco,
la costellazione del triste a un festino di vittime.
Non conosco altra coscienza che l’oscurità translucida,
il lenzuolo di vetro sopra il quale l’infernale ragione si accosta.
Vivo separato dalla rotta delle cose, parlo il timore
di un erede eretto contro il funesto monarca delle lucciole.
Non aspetto nulla dagli dèi, nulla dalla memorabile epidemia dei loro giudici.
Sono distinto davanti allo schiavo e al nano, sono lo stesso supplicante ed eunuco.
Sono il transeunte dell’atmosfera, l’anelante oscuro del lampo.
Odo voci, odo il timoroso e l’anziano, so che un cavallo è un momento.
Odo passi, odo il patetico tuono che perturba il perenne orfano.
Ho per amico il penitente mare e l’antiquato autunno,
amo l’imperturbabile solitudine dell’uomo e la confidenza degli uccelli.
Chiamo irraggiungibile la distanza che c’è tra due corpi,
alternativamente invado il paese della sconfitta e il suolo natale della vittoria.
Fui adolescente e mi avvelenai con fuoco, fui despota instancabile
contro la vanità che disgusta la festa dei corpi.
Non sono giunto più lontano da me stesso che una moneta dell’avaro dall’altra,
considero sterile l’inverno, considero l’azzurro imprescindibile.
Mi occupo con orrore degli sforzi che fa ogni giorno il sole per elogiare la terra,
provo simpatia per il primitivo lucido e per il debole infelice metodico.
Preferisco la malinconia del codardo alla furia invincibile degli eroi,
preferisco l’abbandono dei campi alla rigida ambizione dei sepolcri.
Dio è stanco di ascoltarci, sono stanchi gli uomini e i cani,
la nostalgia è una canoa alla deriva nel fiume bianco della morte.

*

En la vida de un hombre siempre hay una mañana para la calamidad,
una mañana regida por las multiplicaciones del símbolo y la idolatría
órfica de la perduración.
En la vida de un hombre hay almacenes llenos de objetos y maderas con insectos,
hay tensos mundos artificiales y canales por los que discurre la sangre hasta los vasos,
hay fósforo y sonido del delirio del fósforo,
la respiración de un tigre y la mano del desobediente cortada,
hay calor entre un semejante y otro y hay destrucción
porque existe en ellos la proximidad y el imán que la ahuyenta.
En la vida de un hombre hay zapatos usados por un padre,
hay profusas noches que luego nos darán temor, hay cuerpos de adivina,
cuerpos por primera vez, espantosos labios con rencor, la voz que nos conoce
y se queda ahí mirándonos como una res moribunda en el estanque helado.
En la vida de un hombre lo que tiene importancia y lo que no tiene importancia,
lo que se resiste a desaparecer, la aparición de una ciudad, el cansancio de los viajeros,
lo que favorece la ambición y lo que elogia la idea de abstenerse,
la duda moral de una vida solitaria, el descargo de multiplicarse en otros.

     

Nella vita di un uomo c’è sempre un mattino per la calamità,
un mattino sorretto dalle moltiplicazioni del simbolo e dall’idolatria
orfica del perdurare.
Nella vita di un uomo ci sono magazzini colmi di oggetti e legna con insetti,
ci sono tesi mondi artificiali e canali in cui scorre il sangue fino ai vasi,
c’è il fosforo e il suono del delirio del fosforo,
la respirazione di una tigre e la mano tagliata del disobbediente,
c’è calore tra un somigliante e l’altro e c’è distruzione
perché esiste in essi la prossimità e la calamita che la spaventa.
Nella vita di un uomo ci sono scarpe usate da un padre,
ci sono notti profuse che poi ci daranno timore, corpi di indovina,
corpi per la prima volta, spaventose labbra con rancore, la voce che ci conosce
e si ferma lì guardandoci come un bestiame moribondo nello stagno gelato.
Nella vita di un uomo ciò che ha importanza e che non ha importanza,
ciò che resiste allo sparire, l’apparizione di una città, la stanchezza dei viaggiatori,
ciò che favorisce l’ambizione e ciò che elogia l’idea di astenersi,
il dubbio mortale di una vita solitaria, la discolpa di moltiplicarsi in altri.

*

A las puertas del corazón ante la luz prohibida
cerraré los ojos como si me hubiera muerto y clamaré por ti,
a los animales grises, a las rebosantes copas del bebedor más ávido,
a la niña clavada en la espina de su rosa y al pastor bizantino preguntaré por ti,
al eterno profeta en su cabaña de nubes esmaltadas y piedras pensativas,
al árbol de la ciencia y a los frutos del mal preguntaré por ti.
He embalado mis pertenencias para un largo viaje,
me voy donde al creyente a un claustro de estrellas lo llaman las campanas,
ya nunca será fácil regresar si es otoño y en el Tíber azulado hay gaviotas,
porque tú estarás ahí entre los pensamientos muertos detenida entre las ramas,
entre la broza quieta, música sin alma,
porque tú estarás ahí y nadie al pasar sobre los puentes se detendrá un instante para verte,
nadie te mirará, nadie al sonreír con otro estará pensando en ti,
y tú mi única defensa, mi boca con lumbre vencida por lo adverso,
desaparecerás del mundo y de las cosas que dieron sentido a la belleza del mundo,
desaparecerás por un día y otro día y luego desaparecerás para siempre
y yo ya no sabré dónde buscarte y yo ya no sabré dónde saberte,
bajaré a encontrarte en los canales, removeré las piedras, iré a las raíces de los árboles,
regresaré sin ti de los agitados torbellinos, dormiré solo en los templos,
no fuimos los que huyen, no el espejo de uno frente a otro en el combate,
ausentes entre aquéllos, acaso los felices, fuimos los que existen.

      

Alle porte del cuore davanti alla luce proibita
chiuderò gli occhi come se fossi morto e chiederò di te,
agli animali grigi, alle traboccanti coppe del bevitore più avido,
alla bimba inchiodata alla spina della sua rosa e al pastore bizantino domanderò di te,
all’eterno profeta nella sua capanna di nubi smaltate e pietre pensierose,
all’albero della scienza e ai frutti del male domanderò di te.
Ho raccolto le mie cose per un lungo viaggio,
me ne vado dove le campane chiamano il credente a un chiostro di stelle,
ormai non sarà facile ritornare se è autunno e nel Tevere azzurrato ci sono i gabbiani,
perché tu sarai lì tra i pensieri morti trattenuta dai rami,
nel fumo quieto, musica senz’anima,
perché tu sarai lì e nessuno passando sopra i ponti si fermerà un istante per vederti,
nessuno ti guarderà, nessuno sorridendo a qualcuno starà pensando a te,
e tu mia unica difesa, mia bocca con luce vinta dall’avversità,
sparirai dal mondo e dalle cose che diedero senso alla bellezza del mondo,
sparirai per un giorno e un altro giorno e poi sparirai per sempre
ed io ormai non saprò dove cercarti ed io ormai non saprò dove saperti,
scenderò a incontrarti nei canali, rimuoverò le pietre, andrò alle radici
degli alberi,
tornerò senza te dagli agitati mulinelli, dormirò solo nei templi,
non fummo coloro che fuggono, non lo specchio dell’uno di fronte all’altro nel combattimento,
assenti tra quelli, per caso i felici, fummo coloro che esistono.

da La tomba di Keats 

Oltre l’orizzonte, Lara Steffe, 2017

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